jueves, 24 de septiembre de 2026

Sandro Albaladejo, director de Carmina: "Nuestro producto tiene vocación de convertirse en fondo de armario"


La industria artesanal atraviesa un momento de transformación ya que la escasez de mano de obra cualificada se ha convertido en uno de los principales desafíos para la industria artesanal. En este contexto en el que encontrar profesionales especializados resulta cada vez más complejo, Carmina Shoemaker ha decidido adaptar su modelo de crecimiento con una premisa clara: crecer en valor antes que en volumen donde la calidad, el conocimiento técnico y la fabricación artesanal sigan siendo su principal ventaja competitiva.

Desde 1866, Carmina Shoes se distingue por su artesanía superior y el uso de materiales de la más alta calidad. Sus diseños atemporales y elegantes son apreciados mundialmente por su durabilidad y estilo. Todos sus zapatos se fabrican en la paradisiaca isla de Mallorca, situada en el corazón del mar Mediterráneo, una ubicación que inspira cada uno de sus diseños. Actualmente, Carmina cuenta con establecimientos en ciudades como Madrid, Nueva York, París, Londres o Tokio. 

Para conocer más a fondo este modelo de negocio y la visión de la evolución del lujo, el valor creciente de la artesanía y el papel que desempeñan hoy la calidad y la autenticidad en una industria marcada por la rapidez y las tendencias, hablamos con Sandro Albaladejo, quinta generación al frente de Carmina Shoemaker, una casa cuyas raíces se remontan a 1866. A continuación, la entrevista.

Pregunta. ¿Cómo definiría el lujo hoy en día y cómo cree que ha cambiado con respecto a hace varias décadas?

Respuesta. Durante muchos años este concepto estuvo muy asociado al precio, a la exclusividad o incluso a la visibilidad de una marca. Hoy existe un consumidor que entiende el lujo de una manera diferente y que quiere saber mucho más sobre aquello que compra: dónde se ha fabricado, qué materiales se han utilizado, quién lo ha hecho y cómo va a envejecer con el paso del tiempo.

Para nosotros, el lujo está precisamente ahí: en poder seguir produciendo en Mallorca, utilizando los mejores cueros, dedicándole al producto el tiempo que necesita y contando con artesanos que conocen un oficio que se ha ido transmitiendo durante generaciones, creo que podríamos encajar perfectamente en lo que hoy se conoce como “lujo silencioso”.

También está en hacer un producto que no esté pensado para una sola temporada. Huimos de las modas efímeras y de las colecciones semestrales condicionadas por las tendencias. Un buen zapato puede acompañarte durante muchos años, cuidarse, mejorar con el uso e incluso resolarse. Nuestro producto tiene vocación de convertirse en fondo de armario.

Creo que cada vez se valora más esa combinación de calidad, autenticidad y saber hacer. Para una empresa como Carmina, esta es nuestra forma natural de entender el lujo. Nuestra intención es seguir mejorando cada día los procesos y la técnica, siempre con el objetivo de perfeccionar el producto.

P. En un escenario dominado por la inmediatez y las producciones en masa, ¿cuáles serían las principales fortalezas con las que cuenta un negocio basado en el trabajo artesanal?

R. Precisamente aquello que desde fuera puede parecer una limitación es también una de nuestras principales fortalezas. Nosotros no podemos fabricar grandes volúmenes de pares ni tenemos interés en hacerlo. Hay procesos que necesitan tiempo y operaciones que siguen dependiendo de la mano y de la experiencia de un artesano. Fabricamos aquello que somos capaces de producir con nuestro equipo y siempre dentro de nuestros parámetros de calidad.

Eso nos permite tener mucho control sobre el producto y prestar atención a aspectos que en una producción muy industrializada son más difíciles de mantener: la selección de las pieles, el calce de las hormas, la construcción, los acabados o la capacidad de fabricar zapatos personalizados.

Además, creo que existe un cliente que quiere conocer qué hay detrás de lo que compra. La artesanía aporta conocimiento, personalidad y una relación distinta con el producto.

Nuestro reto es conservar todo eso y, al mismo tiempo, dotar a nuestros artesanos de la tecnología disponible para facilitarles el trabajo. Tenemos que proteger el oficio, seguir formando a gente joven y aprovechar las herramientas que nos permitan continuar mejorando nuestros procesos.

P. ¿Cómo se logra que una empresa familiar se mantenga durante estos 150 años sin renunciar a su esencia original? ¿Cuáles han sido los principales obstáculos a los que han tenido que enfrentarse durante este tiempo?

R. Creo que una empresa familiar consigue durar cuando sabe distinguir qué cosas tiene que cambiar y cuáles debe proteger.

Durante todos estos años han cambiado prácticamente todas las circunstancias que rodean al negocio: los mercados, los clientes, la distribución, la tecnología y la manera de comercializar el producto. Pero hay algo que se ha mantenido: nuestra forma de entender el producto y la importancia que damos al legado recibido de nuestros predecesores.

Cada generación ha tenido que adaptar la empresa a su momento. En nuestro caso, uno de los grandes pasos fue entender que una fábrica situada en Mallorca podía tener clientes en cualquier parte del mundo. Primero llegó la internacionalización, después el comercio electrónico y, posteriormente, el desarrollo de nuestra propia red de tiendas.

Naturalmente, cada generación ha tenido sus dificultades. Hoy uno de nuestros retos más importantes es encontrar y formar buenos artesanos. Son oficios que necesitan tiempo y experiencia, y ese conocimiento no se adquiere de un día para otro.

Por eso tenemos muy claro que no queremos crecer a cualquier precio. Preferimos hacerlo de una manera controlada y orgánica, mejorar el producto y proteger precisamente aquello que nos ha permitido llevar Carmina a algunas de las principales capitales internacionales.

P. ¿Qué destacaría de los diseños que fabrican? Cuando alguien compra sus zapatos, ¿qué atributos los llevan a elegirlos frente a la competencia?

R. Nuestro cliente suele ser conocedor del producto. Generalmente sabe qué tipo de piel quiere, qué construcción busca o incluso qué horma le calza mejor. En mi opinión, quien viene a Carmina no busca únicamente una marca o un logotipo.

Nuestros diseños parten en gran medida de los grandes clásicos de la zapatería masculina y femenina. Oxford, Derby, mocasines, botines… son diseños que forman parte de la biblioteca de patronaje de la casa y que, reinterpretándolos una y otra vez, conseguimos mantener actuales. De hecho, en nuestras tiendas seguimos vendiendo modelos que fueron desarrollados hace más de 25 años.

Trabajamos con pieles de máxima calidad y seguimos utilizando construcciones tradicionales, como la construcción Goodyear, que, sin duda, forman parte del ADN de la casa.

Creo que quien elige Carmina valora esa combinación de diseño, materiales, construcción, comodidad y durabilidad. Pero también aprecia saber que detrás de cada par existe una fábrica en Mallorca, unas personas y una manera honesta de entender el oficio.

P. ¿Qué lugar ocupan las tendencias en el portfolio de la marca?

R. Evidentemente, estamos atentos a las tendencias, pero intentamos que no sean ellas las que definan nuestras colecciones.

Nuestro punto de partida son diseños que llevan décadas funcionando y que probablemente seguirán teniendo sentido dentro de muchos años. A partir de ahí podemos evolucionar lineas, introducir nuevas pieles, colores, suelas o pequeños detalles que hagan que el producto resulte actual.

No nos interesa demasiado hacer un zapato que el cliente compre porque está muy de moda una temporada y deje de utilizar poco después. Preferimos conseguir que nuestros productos resulten contemporáneos sin perder ese carácter atemporal que para nosotros es fundamental.

Además, un par de Carmina puede resolarse a través de nuestro servicio Recrafted, prolongando considerablemente su vida útil. Para nosotros, la durabilidad también forma parte de una manera responsable de entender el producto y, con ello, entrando de lleno en el entorno de un consumo sostenible.

Actualmente hemos lanzado Albaladejo Collection, una serie de seis modelos en los que hemos llevado especialmente lejos nuestro nivel de exigencia en materiales, construcción y acabados. Es una colección que pretende representar la expresión más precisa del oficio de nuestros artesanos, con una atención absoluta al detalle.

P. ¿Cuáles son los objetivos que se marcan en su hoja de ruta para implementarlos en los próximos años?

R. Queremos seguir creciendo, pero tenemos claro que nuestro crecimiento no tiene que venir necesariamente de fabricar muchísimos más zapatos. Nos interesa más crecer en valor que en volumen. A las recientes aperturas internacionales en Londres y Tokio se sumará próximamente Múnich, dentro de nuestra estrategia de seguir reforzando la presencia de Carmina en mercados internacionales con tiendas propias como las nuestras en Madrid, Nueva York, París, etc…

Una parte importante pasa por continuar desarrollando nuestra presencia internacional y nuestra red de tiendas propias. Tener una relación directa con el cliente nos permite conocerlo mejor, entender cómo responde el producto en cada mercado y controlar toda la experiencia de la marca.

También queremos seguir avanzando en customización, hace unos años que lanzamos nuestra herramienta de personalización 3D en la web y actualmente estamos sirviendo zapatos personalizados por el cliente a más de 100 países. Creemos que hay mucho recorrido en combinar nuestro conocimiento artesanal con nuevas tecnologías que nos permitan entender mejor el pie del cliente y ofrecer un producto cada vez más adaptado a él.

Al final, nuestra hoja de ruta no es tan sofisticada. Pretendemos seguir haciendo mejores zapatos, acercarnos cada vez más al cliente y crecer internacionalmente dentro de nuestras posibilidades como la empresa familiar que somos.








The artisanal industry is undergoing a transformation, as a shortage of skilled labor has emerged as one of its primary challenges. Against this backdrop—where finding specialized professionals is becoming increasingly difficult—Carmina Shoemaker has decided to adapt its growth model based on a clear premise: prioritizing growth in value over volume, ensuring that quality, technical expertise, and artisanal craftsmanship remain its key competitive advantages.

Since 1866, Carmina Shoes has distinguished itself through superior craftsmanship and the use of the highest-quality materials. Its timeless, elegant designs are prized worldwide for their durability and style. All its shoes are manufactured on the idyllic island of Mallorca—located in the heart of the Mediterranean—a setting that inspires every design. Today, Carmina has stores in cities such as Madrid, New York, Paris, London, and Tokyo.

To gain deeper insight into this business model—as well as the evolving nature of luxury, the rising value of craftsmanship, and the roles played by quality and authenticity in an industry often driven by speed and trends—we spoke with Sandro Albaladejo. He represents the fifth generation at the helm of Carmina Shoemaker, a company with roots dating back to 1866. The interview follows below.

Question. How would you define luxury today, and how do you think it has changed compared to several decades ago?

Answer. For many years, the concept was closely tied to price, exclusivity, or even brand visibility. Today, however, there is a different kind of consumer—one who understands luxury differently and wants to know much more about what they are buying: where it was made, what materials were used, who made it, and how it will age over time.

For us, luxury lies precisely in that: the ability to continue producing in Mallorca, using the finest leathers, dedicating the necessary time to the product, and relying on artisans who have mastered a craft passed down through generations. I believe we fit perfectly into what is known today as "quiet luxury." It is also about creating a product not designed for just a single season. We steer clear of fleeting fads and trend-driven, twice-yearly collections. A good shoe can last for years; it can be cared for, improve with wear, and even be resoled. Our product is meant to become a wardrobe staple.

I believe there is growing appreciation for that combination of quality, authenticity, and craftsmanship. For a company like Carmina, this is our natural understanding of luxury. We aim to improve our processes and techniques every day, always with the goal of perfecting the product.

Q. In a landscape dominated by immediacy and mass production, what are the key strengths of a business rooted in craftsmanship?

A. Precisely what might appear to be a limitation from the outside is also one of our greatest strengths. We cannot—nor do we wish to—manufacture shoes in massive volumes. Some processes require time, and certain steps still rely on the hands and experience of an artisan. We manufacture only what our team can produce while strictly adhering to our quality standards.

This allows us to maintain tight control over the product and focus on details that are harder to preserve in highly industrialized manufacturing: leather selection, last fitting, construction, finishing touches, and the ability to create custom-made shoes.

Furthermore, I believe there is a type of customer who wants to know the story behind what they buy. Craftsmanship brings knowledge, character, and a unique connection to the product.

Our challenge is to preserve all of that while equipping our artisans with technology that makes their work easier. We must protect the craft, continue training young people, and leverage tools that allow us to keep improving our processes.

Q. How does a family business manage to endure for 150 years without losing its original essence? What have been the main obstacles you have faced along the way? 

A. I believe a family business endures when it knows how to distinguish between what needs to change and what must be protected.

Over the years, virtually all the circumstances surrounding the business have changed: markets, customers, distribution, technology, and the way the product is marketed. Yet one thing has remained constant: our understanding of the product and the importance we place on the legacy inherited from our predecessors.

Each generation has had to adapt the company to the times. In our case, a major step forward was realizing that a factory based in Mallorca could serve customers anywhere in the world. First came internationalization, then e-commerce, and subsequently, the development of our own retail network.

Naturally, every generation has faced its own challenges. Today, one of our most significant hurdles is finding and training skilled artisans. These are crafts that require time and experience; such knowledge cannot be acquired overnight.

That is why we are firmly committed to not growing at any cost. We prefer controlled, organic growth—improving the product while protecting the very qualities that have allowed us to bring Carmina to some of the world’s major capitals.

Q. What stands out about your designs? When someone buys your shoes, what attributes lead them to choose yours over the competition?

A. Our customers tend to be knowledgeable about the product. They usually know the type of leather they want, the construction they are looking for, or even which last fits them best. In my opinion, people who come to Carmina aren't just looking for a brand name or a logo.

Our designs are largely rooted in the great classics of men’s and women’s footwear. Oxfords, Derbies, loafers, ankle boots—these designs are part of the company’s pattern archive, and by constantly reinterpreting them, we keep them contemporary. In fact, we still sell models in our stores that were developed over 25 years ago.

We work with top-quality leathers and continue to use traditional construction methods—such as Goodyear welt construction—which are undoubtedly part of the company’s DNA.

I believe those who choose Carmina value the combination of design, materials, construction, comfort, and durability. But they also appreciate knowing that behind every pair lies a factory in Mallorca, real people, and an honest approach to the craft.

Q. What role do trends play in the brand’s portfolio?

A. We certainly keep an eye on trends, but we try not to let them define our collections. Our starting point is designs that have worked for decades and will likely remain relevant for years to come. From there, we can evolve the lines and introduce new leathers, colors, soles, or small details to keep the product feeling modern.

We aren't particularly interested in making a shoe that a customer buys simply because it is trendy for a season, only to stop wearing it shortly after. We prefer to create products that feel contemporary without losing that timeless character which is fundamental to us.

Furthermore, a pair of Carmina shoes can be resoled through our "Recrafted" service, significantly extending their lifespan. For us, durability is part of a responsible approach to the product, placing us firmly within the realm of sustainable consumption.

We have recently launched the Albaladejo Collection, a series of six models where we have pushed our standards for materials, construction, and finishing to the highest level. This collection aims to represent the ultimate expression of our artisans' craft, with absolute attention to detail.

Q. What objectives have you set in your roadmap for the coming years?

A. We want to continue growing, but we are clear that this growth doesn't necessarily have to come from manufacturing vastly more shoes. We are more interested in growing in value than in volume. Following recent international openings in London and Tokyo, Munich will soon be added to the list, as part of our strategy to strengthen Carmina’s international presence with our own stores—like those in Madrid, New York, and Paris.

A key part of this involves continuing to develop our international presence and our network of company-owned stores. Having a direct relationship with the customer allows us to get to know them better, understand how the product performs in each market, and control the entire brand experience.

We also want to continue advancing in customization; a few years ago, we launched our 3D personalization tool on our website, and we currently ship customer-customized shoes to over 100 countries. We believe there is great potential in combining our artisanal expertise with new technologies that allow us to better understand the customer's foot and offer a product that is increasingly tailored to their needs. Ultimately, our roadmap isn't all that sophisticated. We aim to keep making better shoes, get closer and closer to the customer, and grow internationally—within the limits of our capacity as a family business.

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